La Sociedad de la información
en Venezuela.
El desarrollo de las redes y servicios digitales en
Venezuela muestra logros y desequilibrios contradictorios, pero también una
sociedad joven y pujante.
Algunas investigaciones confiables señalan que
Venezuela –un país con una población que ronda los 24 millones de habitantes–
contaba a finales del año 2003 con 1.365.000 usuarios de Internet, lo que
significaba una penetración de 5,43 por ciento. Otras, en cambio, hablan de
1.620.000 usuarios, lo que representa un 6,5 por ciento de penetración. Al
compararse estas cifras con los datos de 2002 (1.585.000 usuarios y una
penetración de 6,31 por ciento) nos encontramos con la sorpresa de que el
número total había descendido, entre uno y otro año, en un monto de
220.000 usuarios menos, según la primera fuente; o en todo caso, según la
segunda, que el crecimiento ha sido muy leve si se lo compara con las
tendencias de los años anteriores. Obviamente se trata de un hecho sui
generis, pues significa que el crecimiento permanente experimentado
hasta la fecha –319.00 usuarios más en 1999, 326.000 en 2000, 385.000 en
2001– se habría visto reducido en el tránsito entre los años 2003 y
2004.
Algo equivalente ha ocurrido en relación con la televisión
por suscripción, que en Venezuela venía en un proceso de franca expansión,
pasando de una cifra de 400.000 hogares poseedores del servicio en 1997 a una
de 997.735 en 2001. Esto es de una penetración de apenas 8,93 por ciento en
1997 a, más del doble, una de 19,56 por ciento 2001. En cambio, en los datos
oficiales para el cierre de 2003 se ubicó en 846.312 suscriptores, es decir,
que hubo una reducción de 7,6 por ciento con respecto a 2002 y una ubicación
neta de suscriptores por debajo de la cifra obtenida en 2001.
El fenómeno podría explicarse como una consecuencia de la
severa crisis económica y política que padece Venezuela, con sus repercusiones
directas en la caída del ingreso per cápita, la reducción del empleo y el
desgaste del salario real. Sin embargo, otras áreas de servicios digitales y de
la industria de las telecomunicaciones no han tenido el mismo comportamiento.
Es el caso de la telefonía y, de modo muy especial, la telefonía móvil que ha
experimentado un crecimiento abrupto e ininterrumpido en los últimos cinco años
con montos que desbordan ampliamente el promedio latinoamericano. Por ejemplo,
según las cifras de la Corporación Nacional de Telecomunicaciones (CONATEL) para
el cierre del año 2003, el número de suscriptores de telefonía fija se situó en
2.955.654, registrando una variación puntual positiva de 4,01 por ciento
respecto al año 2002. La telefonía pública a nivel nacional alcanzó las 112.634
unidades (incluyendo las ubicadas en los llamados centros de acceso o de
comunicaciones, cuya cifra crece intensamente en todo el país), lo cual refleja
un aumento significativo de 7,23 por ciento. Y, la telefonía móvil logró
552.174 nuevas líneas, elevando el total a 7.015.735 suscriptores, un aumento
de 8,54 por ciento comparado con el año anterior. Estas cifras, aunque todavía
no logran disminuir significativamente la inmensa brecha “informacional”
existente en el país, por lo menos impactan positivamente los índices de
penetración para telefonía, llevándolos en 2003 a 11,51 por ciento en telefonía
fija, 27,31 en telefonía móvil y 0,44 por ciento en telefonía pública.
El perfil de los usuarios de Internet en Venezuela se
caracteriza por estar conformado por una población joven (72 por ciento de
ellos tienen menos de 34 años de edad); un ligero predominio de hombres sobre
mujeres (55 por ciento); y, aun cuando generalmente se asocia este grupo de
internautas con personas de ingreso alto-medio (AB-C), pues en los estratos más
altos es donde existe una mayor penetración de Internet, la mayoría de
ellos pertenece al estrato D (41 por ciento), lo que se explica porque el peso
de los grupos AB-C en el total poblacional es mucho menor que el de los grupos
de ingresos bajos, más numerosos. Sin embargo, la variable definitiva, el
denominador común de los internautas, más que el nivel de ingreso, lo
constituye el nivel educativo, donde se observa que 76 por ciento de los mismos
manifiesta poseer un nivel de instrucción superior.
Los usos dominantes de Internet se concentran, como en las
tendencias internacionales, en tres grandes actividades que ocupan buena parte
del tiempo de los usuarios: las comunicaciones –con el correo electrónico como
protagonista–, la búsqueda de información –concentrada en las áreas laborales y
tareas estudiantiles– y el entretenimiento –con un predominio de la navegación
en línea, los videojuegos, la consulta de páginas de hobbies y
pasatiempos y de páginas con contenidos para adultos–.
Según los investigadores, la emergencia de algunos factores
ha cambiado los hábitos de los internautas. Uno de ellos, el crecimiento de las
conexiones permanentes y de alta velocidad (cable, ADSL, ABA), ha incidido en
el crecimiento exponencial de la mensajería instantánea y en el intercambio
cada vez mayor de mensajes con imágenes y de hipervínculos para relacionarlos
con páginas de Internet.
Igualmente hay tres actividades en las que se ha comenzado a
experimentar un gran crecimiento, con el crecimiento de la confianza en su uso
en un país signado por la desconfianza en las empresas e instituciones. Estos
son: la banca en línea, la realización de trámites del Estado y el pago de los
servicios públicos. Pero donde la Red ha experimentado un mayor incremento en
su uso es en el campo del debate político.
La aguda polarización política que existe en el país se
expresa en dos terrenos. Primero, en la aparición de más de 300 páginas web –algunas
de ellas con modificaciones cada cinco minutos o diariamente, dedicadas
exclusivamente a hacer circular información y contra información, injurias y
difamaciones, líneas de acción e, incluso, instrucciones “paramilitares” de
cualquiera de los bandos. El otro terreno es el incremento del interés por
consultar los medios de comunicación.
Precisamente, el predominante papel que han adquirido los
medios de comunicación es uno de los fenómenos más importantes en el uso de Internet.
Para el año 2002, de acuerdo con un Informe del PNUD, de una muestra de los 100
diarios más importantes del país 31 contaban con edición digital.
Esto vale tanto para diarios de circulación nacional –como El Universal,
El Nacional, Últimas Noticias y Tal Cual– como para pequeños diarios
de circulación restringida a sus estados de origen. Ha sido tan alta la
importancia que han adquirido esto servicios que, luego de los buscadores
(41 por ciento) y los portales (22,1), los diarios y revistas on
line se ubican con 10,4 por ciento como la primera opción de visita de los
usuarios.
Lo mismo ocurre con los medios radioeléctricos. Las
cuatro grandes plantas de televisión privadas de alcance nacional –Venevisión,
Radio Caracas Televisión, Televen y Globovisión– han desarrollado
páginas web interactivas en las que se puede consultar la programación, leer
los resúmenes de los programas de opinión, o consultar boletines noticiosos de
última hora. Esta exitosa integración medios de masas-Internet se
evidencia en el hecho de que –sin incluir los grandes portales o
buscadores (Hotmail, Google, Yahoo) más consultados del país– en el ranking de
los 12 sitios web nacionales más visitados aparecen 7 medios: tres
diarios, tres estaciones de televisión y una de radio.
A pesar del crecimiento exponencial en el acceso a algunos
servicios digitales, la brecha informacional en Venezuela, como en casi toda
América Latina, sigue siendo muy grande. En algunos casos, como Internet tiene
una doble causa, esta brecha sigue siendo también la proveniente de las
desigualdades económicas en el seno de la población y las relativas a la
excesiva centralización del desarrollo económico y tecnológico en las grandes
ciudades.
Entre los usuarios de Internet las diferencias económicas
son visibles, por ejemplo, en el incremento de las personas que se conectan en
lugares públicos como cibercafés, centros de comunicaciones e Infocentros
gratuitos del Estado (45 por ciento); y el descenso en el porcentaje que se
conecta desde su casa, que todavía representa la segunda fuente de conexión
(24,5 por ciento), y el lugar trabajo (16,65 por ciento). Igualmente, en el
hecho de que 80 por ciento de los usuarios se concentra en tres de las grandes
ciudades –Caracas, Maracaibo, Valencia–, y en el dato que muestra que 70
por ciento de los usuarios gana cuatro veces el salario mínimo en un país con
casi 60 por ciento de pobreza, es decir, de familias que no reúnen ingresos
suficientes para adquirir la cesta básica.
Apuntando a disminuir la brecha, el actual gobierno ha
desarrollado un programa de apertura de centros de conexión gratuita a Internet
denominados Infocentros. La estrategia apunta a aumentar el acceso y la
conectividad entre personas de menores recursos, pero el desarrollo del
programa, con apenas 240 centros instalados en el país, aún no representa un
impacto significativo a pesar de que reporta unos 7 millones de visitas al año.
Otras iniciativas públicas importantes se encuentran en el
programa estatal denominado Gobierno Electrónico que apunta, según
explica el Ministerio de Ciencia y Tecnología, a «acelerar la modernización
mediante el uso de las Tecnologías de Información y Comunicación, con la
finalidad de facilitar la comunicación intra e intergubernamental y con la
sociedad en general, e incrementar la calidad en la prestación de servicios
públicos a los ciudadanos, instituciones y organizaciones». Probablemente su
antecedente más importante sea el papel fundamental que jugó la página web de
la Asamblea Nacional en el momento de discutir la nueva Constitución aprobada
en 1999.
Otros procesos importantes han sido la creación de Reacciun,
una red que facilita la conexión entre centros académicos y de
investigación científica y sus diversos usuarios; los usos de la Red por parte
de fundaciones, museos y centros culturales para hacer circular sus
programaciones y facilitar la consulta on line de publicaciones y
exhibiciones; y la multiplicación de sitios dedicados al turismo local. A
marchas y contramarchas el país se apropia de las Tecnologías de la Información
sin lograr resolver lo que tampoco ha resuelto en lo económico y lo social: la
brecha generada por la exclusión de las mayorías.
Julio Hernández.
Revista TELOS
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